El año era 2016. No había IA; si querías saber algo y no figuraba en Wikipedia tenías que buscar en antros oscuros y peligrosos como Yahoo Answers o Taringa. El Pokémon GO impulsaba a millones de jóvenes a las calles mientras los adultos se quedaban mirándolos sin poder decidir si era algo de lo que debían quejarse o no. Nada era más cool que tirar al aire una botella girando y verla caer de pie. NADA. Proliferaban los memes sobre un gorila neoyorkino llamado Harambe y no era infrecuente ver grupos de personas completamente paralizadas que de repente se ponían a bailar enloquecidas; un fenómeno viral llamado maniquí no-sé-qué. Las señales del fin del mundo abundaban.

Otro capítulo oscuro en la historia de nuestra especie.
En el submundo gamer, había señales mixtas. Por un lado, reaparecía Doom después de más de una década; se cerraba la trilogía Dark Souls y asomaba un shooter multijugador bastante novedoso que quizás te suene: Overwatch. Por otro, era obligatorio quejarse de No Man’s Sky y preguntarse si no sería que todo estaba perdido para siempre.
En Latam, empezábamos a enterarnos de lo que eran los teclados mecánicos. Luego veíamos los precios y preferíamos desenterarnos. Las alternativas accesibles eran teclados de membrana genéricos con muchísimo plástico de sobra, algunas luces y logos estrambóticos. Algo de todo eso, aparentemente, los hacía gamers. “Sí, extra-plástico por favor”.
¿Qué se podía hacer? ¿Unirse al mannequin challenge y ser feliz? Por supuesto que no. Muchos elegíamos bucear en las aguas abiertas de Youtube para buscar reviews esperanzadoras, o simplemente para pasar el rato. Muy extrañamente, para nuestra sorpresa, las señales de esperanza empezaron a aparecer.
Los nombres eran rarísimos, K551 Mirta; K552 Kamura; Red Dragon. No, ¿cómo era? ¿Reddragon? ¿Re-Dragon? No importaba; a todas luces, eran lo que todos queríamos: teclados mecánicos genuinos a precios pagables. Como nota marginal, resultó también que la gran mayoría estábamos dispuestos a dejar atrás el pad numérico; algunos para ahorrar espacio, otros para ahorrar-ahorrar. Nos acostumbramos al acrónimo TKL como a tantos otros.
¿Y qué pasó? Se vendió como pan caliente. Fuimos una generación entera de gamers que se lanzaron de cabeza a una marca nueva y desconocida para poder tener su primer teclado mecánico y animarse un poco más a competir en CS:GO, LoL y todo eso que empezaba a llamarse esports. Fuimos una generación entera que se enamoró del Kumara con su placa de acero y sus switches azules que sonaban como recuerdos de Vietnam. Fuimos la primera generación mecánica de Latinoamérica y, a nuestro propio juicio —como en el meme de Obama—, la mejor.
No hicimos el meme. Éste era el template. Es fácil de imaginar.
Hoy, si le preguntamos a GPT o Gemini o el Claudio cuál es el teclado mecánico más vendido en Latinoamérica, en toda la historia, adivinen qué nombre aparecerá seguro en la respuesta. Pero no adivinen: abran pestaña y comprueben.
Con nostalgia, un gamer anónimo.
El regreso: Kumara Magnético
Pestañeaste y pasó una década. Es 2026, el mundo no se acabó (todavía), el mundial de México, EEUU y Canadá se materializó y los teclados magnéticos son una cosa. El Kumara, mientras tanto, sigue ahí. Firme. Todavía se vende. Todavía se habla de él. Todavía es sólido. Pero ahora convive con otros muchos y, además, con una nueva versión de sí mismo. Justamente: su versión magnética.
¿Qué cambia de una versión a otra? Los switches. Los nuevos, los magnéticos, tienen mayor durabilidad, menor sonoridad y algunas posibilidades de customización inimaginables en los sistemas mecánicos, como el punto de actuación ajustable. También son mucho más rápidos, gracias a algo que se conoce en la industria como Rapid Trigger.
Básicamente eso y el cable, que ahora es desmontable.
El resto, igual que siempre. Igual de robusto, igual de pesado, igual de apto para usarse como arma de defensa personal en caso de urgencia. Como sintetiza el tagline de la campaña: es el mismo de siempre, potenciado.
Un poco por nostalgia, un poco por orgullo, un poco por el agrado que da sentir que algunas cosas se mantienen sólidas en el río de la historia, nos gustaría que ese bruto pedazo de metal con ABS al que llamamos Kumara, que fue el primer teclado mecánico de toda una generación, sea también su primer magnético. El potencial, lo tiene; veremos qué dice la gente.
GL HF!
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